Martes, 9 Octubre, 2018

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Guerras cubanas de independencia unen a Serafín Sánchez y Martí

Por Mayra Pardillo Gómez

Sancti Spíritus.- El mayor general Serafín Sánchez Valdivia, héroe de las tres guerras independentistas cubanas contra el colonialismo español, sobresalió además por la hermosa amistad que sostuvo con José Martí.

La Demajagua, en el oriente del país, fue el lugar que marcó el comienzo de la primera de las tres guerras. El 10 de octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes -Padre de la Patria-, se levantó en armas contra el gobierno español y liberó a sus esclavos.

Acá, en esta zona central, nacía el 2 de julio de 1846 Serafín Sánchez, maestro rural en Morón y en campaña; escritor, periodista y tabaquero de la emigración, quien por su arrojo y valentía es considerado el más ilustre de los espirituanos.

Conocido con epítetos como Paladín o General de las Tres Guerras, sus excelsas cualidades lo transformaron en uno de los más importantes guías de la etapa revolucionaria del siglo XIX y el más relevante de este territorio central.

De acuerdo con textos consultados el 6 de febrero de 1869, a escasos cuatro meses del alzamiento independentista en La Demajagua, el entonces joven de 22 años se levantó en armas en Los Hondones, Sancti Spíritus, al frente de 45 hombres.

Desde ese momento estaría dirigiendo las actividades combativas más destacadas de la zona e incluso en Oriente, bajo las órdenes de patriotas de la talla de Máximo Gómez o Ignacio Agramonte.

También se vincularía a las acciones organizativas y combativas de las llamadas Guerra Chiquita (1879-1880) y Guerra Necesaria (1895-1898), última de un siglo signado por la defensa de la independencia de Cuba.

FECUNDO INTERCAMBIO EPISTOLAR

El primer encuentro entre Serafín Sánchez y Martí aconteció en Nueva York, Estados Unidos, en julio de 1891 y a partir de 1892 fue un colaborador fundamental en Cayo Hueso, Florida.

Más de un centenar de epístolas intercambiaron, sobre todo después de 1890, cuando la correspondencia se hizo más frecuente, y da fe de la amistad nacida durante los preparativos de la guerra del 95.

La admiración era recíproca. En abril de 1892 escribió Martí:

Mi querido Serafín / Ver letra suya, es verdadero contento. Uno tiene sus amigos queridos, cuyo afecto es más grato y necesario que el de otros, y si Ud ha de ser justo, robará con frecuencia a ese trabajo que le admiro algunos instantes para contármelo (...) Su / José Martí

En agosto de 1893, escribe Martí en el periódico Patria:

'Rodeado de cariños y atenciones ha pasado algunos días en New York uno de los hombres más extraordinarios que en la guerra supieran resplandecer como héroes, y en la tregua estudian y practican la libertad, doblados sobre la mesa dura del trabajo.

'El General Serafín Sánchez vino a lo que tenía que hacer, y ha vuelto al Cayo (...) He ahí a un buen ciudadano'.

En tanto, el 10 de mayo de 1894, el espirituano le exponía en una misiva: 'Que no me falten sus cartas, el pensamiento de usted es absolutamente el mío. Eso es lo mismo. Y eso tendremos. Ayúdeme con su cariño. Serafín'.

Investigadores del tema aseguran que existen un total de 150 cartas de Serafín Sánchez a Martí y 98 de este a aquel, y que esta amistosa y patriótica correspondencia solo fue superada por la sostenida por el Héroe Nacional con su amigo mexicano Manuel Mercado.

Afirman, además, que la última carta de Martí a Serafín está fechada desde Montecristi, el 18 de marzo de 1895, a solo dos meses de la caída en combate del Maestro, acaecida el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos.

En vísperas de la Guerra Necesaria, Martí solicitó un serio proyecto literario a Serafín: compilar en un libro la poesía que se recitaba en los campos de batalla y escribir la biografía de varios de sus compañeros caídos en 1868.

Así nacía Héroes humildes (1894), la historia de esos combatientes narrada por Serafín Sánchez.

Tras la pérdida irreparable del amigo, el espirituano visita el sitio donde pereció aquel y allí dice:

'...Yo también, como otros tantos soldados de la Revolución, tuve necesidad de visitar el lugar consagrado por la sangre del patriota Martí; allí me llevaron con fuerza irresistible las ansias vehementes de mi corazón...

'Fui al calvario de José Martí (...) ÂíDichosos los que han podido llegar a contemplar aquel histórico sitio, pues los que allí van a meditar y a sentir merecerán siempre bien de la Patria!'.

FIEL A LOS PRECEPTOS MARTIANOS

Serafín Gualberto Sánchez Valdivia, siguiendo los preceptos del ideario martiano, libró relevantes batallas -más de 120 combates- y participó en la invasión a occidente.

Cuentan que el 25 de julio de 1871 cruzó la trocha de Júcaro a Morón -construida por España para aislar el occidente-, en dirección a Camagüey, enfermo y acompañado solo por cuatro hombres.

El 9 de noviembre de 1879 se alzó en la región de Sancti Spíritus para dar inicio a la Guerra Chiquita en Las Villas, en 1880 partió a Estados Unidos, y desde ese mismo año a 1890 vivió en República Dominicana.

Cayó en combate el 18 de noviembre de 1896 pero antes de morir, con apenas 50 años, el paladín exclamaría: 'Me han matado... eso no es nada, ÂíSiga la marcha!'.

El Héroe Nacional dio fe de su admiración hacia el espirituano, quien fue asimismo amigo de Máximo Gómez, el Generalísimo.

En una carta de recomendación que enviara al patriota cubano Eduardo Hidalgo Gato, residente en los Estados Unidos, recoge lo que opinaba acerca del mayor general Sánchez Valdivia.

'De soldado se anduvo toda Cuba', dice y añade: '(...) adquirió gloria justa y grande. Es persona de discreción y de manejo de hombres, de honradez absoluta y de reserva y como usted lo ve tiene de columna hasta la estatura'.

Después de más de cinco horas de batalla en el Paso de Las Damas, cerca de la ciudad de Sancti Spíritus, un proyectil español atravesó el hombro derecho hacia el izquierdo del héroe espirituano causando su deceso de manera casi instantánea.

Como Carlos Manuel de Céspedes o Ignacio Agramonte, nacidos en el seno de familias acomodadas, Serafín Sánchez contó con fortuna, lo cual no le impidió dejar todas las comodidades de que disfrutaba para ir al encuentro con la patria y su anhelada libertad.

Hoy en la Plaza de la Revolución Mayor General Serafín Sánchez Valdivia se alza un conjunto escultórico a su memoria, que exhibe una estatua suya junto a su alumno Lino Amézaga (Quirino).

Este aparece en diversos textos unas veces como soldado, otras como capitán o como comandante.

Quirino, el bravo angolano, a quien Serafín enseñó a leer y escribir en plena manigua durante la Guerra de los Diez Años, murió fusilado en Trinidad -Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1988-, el 13 de octubre de 1895, tras caer prisionero de los españoles.

Los espirituanos y Cuba toda sienten hacia Serafín Sánchez admiración y respeto, y quienes lo conocieron -como Martí- dejaron constancia de la pureza y honestidad de su vida, la cual ofrendó por la libertad de su país y, más aún, exhortó a seguir la marcha. (PL)

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