Caída del Maestro: Ya nos falta el mejor de los compañeros
Gerardo Cabrera Prieto
Investigador del Instituto de Historia de Cuba
Servicio Especial de la AIN
Cada cual al morir enseña al cielo su obra acabada, su libro escrito, su arado luciente, la espiga que cegó, el árbol que sembró. Son los derechos al descanso: ¡triste el que muere sin haber hecho obra!
Así se expresaba José Martí en el año 1881, en carta publicada en La Opinión Semanal de Caracas.
Consciente de su compromiso y de la obra que le tocó, cuando el 19 de mayo de 1895 cayó en los campos de Cuba anegando la tierra con su sangre, podía hacerlo en paz, porque su trayectoria le concedía el derecho al descanso.
Máximo Gómez en su Diario de campaña comentaba el hecho con sencillas pero profundas palabras: "¡Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma, podemos decir, del levantamiento!"
Ellas resumen no solo la cotidianidad de toda guerra: hoy se puede estar vivo, pero mañana morir, sino el reconocimiento a quien, sacrificándolo todo, se puso al servicio de la Patria organizando el nuevo proceso emancipador.
Si bien el Apóstol no fue actor directo de las acciones iniciadas el 10 de Octubre de 1868, sus profundos estudios de aquel proceso y las interpretaciones extraídas de sus aciertos y fracasos, le permitieron comprender sobre qué bases debía iniciarse la nueva lucha y cuáles eran los pasos primordiales que debían darse en la preparación de un nuevo alzamiento.
La prédica de José Martí en territorio norteamericano resultó eslabón fundamental en el proceso iniciado el 24 de febrero de 1895. Lograr la necesaria unidad entre los combatientes de contiendas anteriores, así como hacer renacer la confianza en quienes desalentados por fracasos anteriores se sentían escépticos, fueron centro de sus más encendidos discursos en la etapa previa a la guerra.
La necesidad de recaudar fondos que permitieran adquirir al menos lo más elemental para la lucha, así como atraer a los llamados pinos nuevos para que de común acuerdo con los más experimentados participaran en la futura lucha, fueron estrategias a las cuales dedicó buena parte de su labor preparatoria.
Como la mayor parte de los oficiales que lideraron aquella guerra, también él se encontraba fuera cuando se produce el inicio de la lucha y acompañado de Máximo Gómez arribó a territorio cubano por la zona de Playitas. Después de mucho tiempo volvía a pisar su amado suelo.
Quizá la mejor forma de ilustrar aquel momento lo expresan las palabras que en su Diario escribió: "Rumbo al abra. La luna asoma, roja, bajo una nube. Arribamos a una playa de piedras. La Playita (al pie de Cajobabo. Me quedo en el bote el último vaciándolo. Salto. Dicha grande".
Durante todo el tiempo que medió desde su desembarco hasta el momento del deceso, estuvo Martí junto a las fuerzas del general Gómez, que se movían por la zona oriental. Poco sabia del arte de guerrear, aunque sí de guerras, pues pacientemente había estudiado los principales acontecimientos bélicos que habían sucedido en territorio norteamericano y en particular las memorias del general norteño Ulises Grant.
En momentos en que se elaboraba la futura estrategia de guerra se produce el primer encuentro de los grandes jefes en La Mejorana, polémica reunión que hace al Maestro comprender el temple y carácter de Maceo, pero también su nobleza.
Ya había sido nombrado Martí Mayor General del Ejército Libertador de Cuba, también está consciente de la importante misión que le ha tocado y así se lo escribe a su amigo Manuel Mercado en carta que nunca concluyó.
La mañana del 19 de mayo se producía la cruenta acción entre las fuerzas lideradas por Gómez contra una columna española de más de 800 efectivos, y aunque Martí recibió orden de quedarse en el campamento, no obedeció y, deseoso de entrar en acción, muy pronto cayó abatido por las balas.
No pudo ver concluida su obra, un disparo enemigo le cegó ese legítimo derecho, pero cuando sus ojos se cerraron, y el infinito cielo azul celeste se perdió de su mirada, la muerte dejó de ser cierta, porque como él mismo dijo en cierta ocasión: (…) no mueren los que a la ciencia y a la Patria hicieron bien










