Viernes, 24 Noviembre, 2017

De la solidaridad

Los Cinco estuvieron en la misma celda con Oscar

Por: Iliana García Giraldino Fotos: Orlando Perera (ICAP)

Como parte del sueño de Oscar de visitar a Cuba, el héroe boricua pensaba en su encuentro con Los Cinco Héroes cubanos que como él resistieron la arremetida y las mazmorras imperiales. Muy en especial esperaba ver a Fernando, con quien había compartido poco más de cuatro largos años en una misma celda, donde confraternizaron, se conocieron profundamente, intercambiaron añoranzas, sobre la historia, los próceres, la política, la cultura, las raíces comunes de ambas islas.

El primer abrazo en libertad de Oscar y Fernando sucedió en Sochi. ¡Cuántas emociones para ambos! Los dos habían persistido y vencido, respaldados por la solidaridad internacional y de sus pueblos, y ahora coincidían no en una cárcel oscura y fría, sino en medio del fulgor de la juventud mundial que como ellos ansía y lucha esperanzada por un mundo mejor.

Allí el héroe boricua ratificaba la fecha de su llegada a Cuba, el 12 de noviembre. Y así ocurrió. En La Habana el primer saludo lo recibía de su hermano Fernando. Fue un fuerte y prolongado abrazo que mucho expresaba: ¡estaban libres, en un país libre, en la Cuba amada y soñada, victoriosos de su dura prueba! Con la alegría uno, de dar la bienvenida al legendario independentista, y este por reencontrarse mientras cumplía su sueño de pisar tierra cubana.

Ese sería el principio de una estadía de dos semanas desbordadas de amor en la tierra de Fidel, a quien Oscar rindió homenaje permanente, y donde sentiría la admiración de todo un pueblo y de sus Cinco Héroes.

Más tarde estaría además de junto a Fernando, con Gerardo, Ramón y René. Oscar comentaría el placer de conversar con ellos y añadiría sonriente, “aunque Tony se me escapó” (estaba en el exterior).

Fernando reiteraba una idea: “si se pudiese decir que en una cárcel se pasan “años mejores”, los mejores de mi encierro fueron los que pasé con Oscar en una misma celda”. De igual forma opinaba el independentista borinqueño. Ambos rememoraban aquella coincidencia que hizo encontrarse en la terrible prisión a dos dignos hombres, cuya comunión de ideas y luchas sembró una hermandad indestructible.

De aquel pasaje afirmaría Oscar que fue una felicidad porque era asombroso que sucediera en un país con tantas cárceles y miles de prisioneros. Encontrarse allí a alguien con quien conversar, con comunión de ideas y batallas, era increíble. El valeroso boricua estuvo casi 36 años prisionero del imperio.

Fernando aprendió mucho del boricua, de su activismo comunitario en Chicago, de la situación de las minorías en Estados Unidos, de la causa independentista borinqueña. Con él aprendió a pintar. Con él practicaba ejercicios físicos cuando los carceleros lo permitían. Con él conoció de su experiencia en el penal, de su disciplina, firmeza y convicciones inquebrantables.

Las campañas internacionales por la libertad de Oscar y de Los Cinco se fundieron en “Libertad para los Nuestros”. En diversas latitudes se multiplicaban las acciones conjuntas en demanda de justicia y la excarcelación. Triunfó para todos la solidaridad, el valor, la fe, el optimismo y la resistencia antimperialista.

Para Fernando, el patriota puertorriqueño era una colosal fuente de fuerzas y coraje. Para el resto de Los Cinco, también. Por ello se sintieron tan felices con la llegada a Cuba de Oscar, y Gerardo afirmaba con infinita admiración “pensar en Oscar nos daba ánimos, y como compartió con nuestro hermano Fernando la prisión era como si Los Cinco hubiésemos estado en la misma celda con él.

 

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