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El Regreso del “Unicornio Azul” a NY


Nueva York estuvo de pláceme.  En la noche del 4 de junio del año 2010, la canta-autor nacional de Cuba, Silvio Rodríguez, después de 30 años de involuntaria ausencia, (no se le permitía la entrada a Estados Unidos por sus posturas políticas) deleitó con sus maravillosas composiciones a más de 3,000 fieles seguidores aquí en Nueva York. El Carnegie Hall fue la sede de ese esperado encuentro. Fue un espectáculo grandioso que satisfizo al más exigente de sus admiradores.  Esa noche la figura del maestro, se creció hasta adquirir tamaño de gigante. Cosa sorprendente fue que la gran mayoría de los espectadores eran jóvenes y más impresionante fue que se conocían las letras de todas esas bellas melodías que nos obsequio Silvio en aquel majestuoso e histórico lugar.  Histórico también fue el despliegue de la grandiosa bandera del 26 de Julio, que ondeo de las manos de la Presidenta de Casas de Las Américas, como dándole una bienvenida especial al autor, después de tantos años de ausencia y a la vez diciéndole, que seguimos aquí tal y como nos dejaste en tu última visita – en pies de lucha.  Silvio hizo gala de su generosidad al salir a escena en varias ocasiones después de dar por terminada su presentación.


Como era de esperar, también los detractores de Cuba hicieron acto de presencia en las afueras del teatro, con la tonta ilusión de poder detener el concierto. Era un reducido número de elementos provocadores (quienes llenaron esa tarde de mucha más emoción) que trataron en vano de entorpecer ese extraordinario encuentro.  Es el mismo grupúsculo de indeseables de la ultra derecha de la emigración cubana (los cuales reciben órdenes de Miami), armados de una fingida valentía y unas fotos de un tal Tamayo, pretendieron apoderarse del lugar donde se encontraba el grupo de apoyo a Silvio y a la Revolución.  Su intención era crear caos en el lugar para provocar una eventual cancelación de dicho espectáculo.  Su pretensión desató una breve confrontación con los presentes, quienes sin perder mucho tiempo, contestaron a sus provocaciones revolucionariamente.  Los compañeros cubanos de Casa de las Américas, la Coalición 26 de Julio y el público en general se vieron forzados a intervenir y neutralizar a los revoltosos.  Acto seguido, la policía neoyorkina los situó en un “redil” retirado de la entrada del teatro, vencidos, desmoralizados y sin algunas de sus pancartas pues estas les fueron  arrebatadas por los buenos cubanos allí presentes. Desde allí todavía seguían lanzando insultos y epítetos a los cuales nadie prestaba atención.  


El teatro se lleno a capacidad.  La música de Silvio y sus compañeros fluía melodiosamente en el lugar.  Un coro improvisado de jóvenes de diferentes nacionalidades acompañaba al maestro en cada interpretación.  Silvio Rodríguez nos devolvió por un momento, ese extraordinario “unicornio” que regreso con toda su magia y esplendor para cautivarnos e inspirarnos para luego desaparecer  sigilosamente.


Afuera, los malandrines frustrados y derrotados, observaban desde lejos con mucho desasosiego el fin del espectáculo, que terminó en la calle, con el surgir de los espectadores del teatro quienes siguieron celebrando, esta vez dándoles vivas a Cuba y a la Revolución.  Gracias mil veces, Silvio.

 


Franklin Flores Silva
Directiva, Casa de las Américas