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OBAMA Y LAS DECISIONES SOBRE SEGURIDAD NACIONAL

 

Roberto Bienvenido García Hernández (*)

 

Poco menos de tres meses después de la toma de posesión del presidente Barack Obama, resulta interesante revisar una muestra sobre las decisiones que en un futuro inmediato, digamos los próximos tres meses, tendrá que tomar el mandatario, en temas de Seguridad Nacional.

Una breve revisión de la información de prensa disponible, así como de algunos criterios expresados por el presidente Obama y sus principales colaboradores, nos dan una idea del desafío que espera a esta administración, fundamentalmente debido al legado que le dejó su antecesor George W. Bush. A continuación veamos algunos –hay muchos más– de los principales temas que le quitarán el sueño al mandatario, específicamente en materia de seguridad nacional:


La crisis económico-financiera global

 

El director de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos,  Dennis C. Blair, dijo a mediados de febrero ante el Comité Selecto de Inteligencia del Senado, que la inestabilidad causada por la crisis económica global, constituye la principal amenaza en el corto plazo a la seguridad nacional de Estados Unidos. Según el diario “The Washington Post”, esta fue “la primera vez en seis años en que el terrorismo no fue presentado como el peligro principal para este país”.

 

Blair señaló que "cerca de un cuarto de los países en el mundo ha experimentado ya al menos algún nivel de inestabilidad, como cambios de gobiernos, debido a la presente crisis”. Añadió que "aliados y amigos enfrentarán la realidad de no poder cumplir con sus obligaciones humanitarias y en materia de defensa”. También dijo que habría “altos niveles de extremismo violento” y previó la posibilidad de un incremento de la emigración ilegal hacia Estados Unidos.

 

El militar de más alto rango en la administración, el Almirante Mike Mullen, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, dijo recientemente en Santiago de Chile, que "el paraguas de la crisis en el mundo financiero está complicando un ya (de por sí) complicado mundo", y agregó que la crisis financiera global afectará todas las prioridades en materia de seguridad.  "Quizá no las afectará inmediatamente, en términos de semanas o meses, pero lo hará de forma dramática durante el año, o en los dos o tres que siguen".

 

A mediados de marzo, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, advirtió que la crisis financiera es muy grave y que podría desembocar en disturbios sociales que "amenacen a las democracias y degeneren en conflictos". Strauss-Kahn recordó que la última previsión del FMI habla de una contracción de la economía mundial de entre 0,5% y el 1%, lo que significa "una recesión global", y el primer retroceso en los últimos 50 años.
Afganistán

 

Como una confirmación de lo que ya la opinión pública podía percibir, los servicios de inteligencia de la OTAN consideran que en 2009 la situación en Afganistán se complicará más para las fuerzas invasoras. Las acciones violentas están en su momento de mayor auge desde el inicio de la invasión en 2001.

 

El vicepresidente norteamericano, Joseph Biden, reconoció recientemente que “está claro que en Afganistán no estamos ganando la guerra, aunque por suerte estamos todavía lejos de haberla perdido”. Está por ver aún el desenvolvimiento de las próximas elecciones presidenciales en Kabul. En ese contexto, los talibanes y los seguidores de Al Qaeda están preparando ya la ofensiva de primavera de este año. La insurgencia talibán ha aumentado su accionar en los últimos meses, ratificando la percepción de que el gobierno afgano prácticamente “gobierna” solamente en Kabul y en algunas otras ciudades y regiones del país. El tráfico de drogas alcanza niveles insospechables, y el régimen afgano enfrenta además un alto nivel de corrupción en sus filas.

 

A esto se añaden las recientes informaciones aportadas por “fuentes de la administración estadounidense” al diario The New York Times, en el sentido de que el incremento de las acciones de los talibanes en el sur de Afganistán, estaría apoyado por oficiales de la inteligencia militar de Paquistán, entidad que estaría proporcionando dinero, equipamiento militar y asesoramiento en la conducción de las operaciones. En las etapas iniciales de la llamada “Guerra Global contra el Terrorismo”, llevada a cabo por la administración Bush, el gobierno paquistaní constituía una pieza clave en las operaciones que se realizaban contra los grupos armados afganos.

 

El 27 de marzo de 2009, el presidente Barack Obama anunció su nueva Estrategia para Afganistán, que en esencia consiste en incrementar el número de efectivos en ese país para arreciar las acciones militares contra los talibanes y Al Qaeda, aumentar la ayuda de seguridad a Paquistán, y prestar más atención al creciente tráfico de drogas.

 

El plan incluye el envío de unos 4 000 efectivos adicionales a Afganistán para incrementar las capacidades de entrenamiento, con la idea de que dichas unidades apadrinen a sus similares afganas en su actuación diaria para elevar su capacidad combativa. El documento señala que “cada unidad afgana tenga un homólogo en las fuerzas de la coalición.

 

Aceleraremos nuestros esfuerzos para establecer un ejército afgano de 134 mil efectivos y una policía de 82 mil”, meta que pretenden alcanzar para el 2011.

 

Obama y sus colaboradores  tratan de introducir “nuevos” elementos de carácter político y económico a la intervención militar que dura ya más de ocho años, pero el documento no aporta ideas que pudieran resultar a mediano plazo verdaderamente útiles para alcanzar la “pacificación” del país, teniendo en cuenta el notorio fracaso de Washington y sus aliados en esa difícil misión, y la situación prácticamente caótica que existe en el territorio afgano.
Iraq

 

Seis años después del inicio de la invasión contra Iraq, los militares estadounidenses han sufrido más de 4 600 muertos y decenas de miles de heridos. Han sido hasta el momento más de un millón de iraquíes muertos, y a pesar de los planes optimistas de la actual administración, no se sabe a ciencia cierta qué sucederá una vez que comience a materializarse la reducción de los efectivos estadounidenses en suelo iraquí. Una retirada “en falso”, que venga seguida por un incremento inusitado de la violencia contra el gobierno instalado por Washington, sería un revés demasiado grande para Obama y su grupo.


Por lo tanto, no es posible predecir si esto será posible tal y como lo ha planeado el presidente Obama, si se mantienen las actuales supuestas  tendencias hacia la “pacificación”, y si estos avances no son revertidos por lo que especialistas estadounidenses llaman “disputas tribales”, así como por las crecientes manifestaciones de corrupción y pugnas por el poder.

 

El conflicto israelo-palestino

 

Para dar continuidad a la tradicional política imperial respecto a Israel, tanto el presidente Obama como la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y otros funcionarios, han reiterado el apoyo incondicional de Washington al régimen sionista.


El último ejemplo del irrespeto de Tel Aviv al  Derecho Internacional fue la agresión criminal contra la Franja de Gaza, durante la cual, por más de 20 días consecutivos, las Fuerzas Armadas de Israel realizaron ataques aéreos y terrestres que ocasionaron más de mil 300 muertos y 5 300 heridos en su mayoría mujeres, niños y ancianos.

 

Durante su primera visita oficial a la región, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, se reunió en Ramalah (Cisjordania) con los dirigentes palestinos para reiterarles el compromiso de la Casa Blanca de trabajar por la creación de un Estado palestino, que en su opinión es la única solución duradera al conflicto con Israel. Pocas horas antes, había visitado a los dirigentes israelíes a quienes ratificó el “compromiso” de la actual administración con los intereses sionistas. Hacer realidad y actuar de forma consecuente para este doble propósito, en particular el prometido “servicio” a la causa palestina, resulta para Obama un verdadero desafío, puesto en duda desde ahora por más de un especialista.

 

Las relaciones con Irán

 

A juzgar por las declaraciones del presidente Obama, Estados Unidos continuará su política de sanciones contra Teherán. Al respecto señala: "las acciones y políticas del gobierno de Irán son  contrarios a los intereses de EEUU en la región, y posee una  inusual y extraordinaria amenaza" para la seguridad nacional  y económica del país.

 

El estado de las relaciones bilaterales está signado por el empecinamiento imperial en negar el derecho de los iraníes al desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos. Los servicios de inteligencia norteamericanos continúan señalando públicamente los supuestos fines bélicos de dicho programa, e incluso el director de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos,  Dennis C. Blair, ha afirmado que “Irán está desarrollando todos los componentes del arma nuclear y es posible que Teherán pueda disponer de una, tan pronto como el año próximo, si los líderes de ese país así lo deciden”. El gobierno de Irán ha reiterado que este programa se realiza con fines pacíficos.

 

El conflicto en la Península Coreana

 

La Península Coreana sigue constituyendo un foco de tensión y a la vez un desafío para Washington. En lo concerniente al tema nuclear, la administración Obama ha declarado su intención de reiniciar las negociaciones “a seis bandas”, y buscó tener un diálogo con  la República Popular Democrática de Corea (RPDC). Sin embargo, fuerzas conjuntas de Corea del Sur y Estados Unidos continuaron la realización de grandes ejercicios militares que constituyen verdaderos ensayos de agresión a la parte norte de la Península así como una provocación que pone en peligro la estabilidad en toda la región y disminuyen las posibilidades de una negociación seria.

 

El anuncio de la RPDC de que pondría en órbita un satélite de comunicaciones, ha causado determinado nivel de “pánico” entre Estados Unidos y sus aliados de la región. Con ese pretexto, el mando militar norteamericano movilizó varias unidades navales equipadas con sistemas de cohetes interceptores hacia las proximidades de las aguas norcoreanas, mientras el gobierno japonés trasladó hacia la parte septentrional del archipiélago nipón, baterías de cohetes antiaéreos de teatro del tipo Patriot 3. La ocasión se presta para que Washington y sus cercanos colaboradores en la región incrementen a niveles inéditos sus presiones y amenazas contra Pyongyang, que ha reiterado que tiene todo el derecho a orbitar dicho satélite con fines pacíficos.

 

Rusia, China y otras preocupaciones

 

La instalación de un sistema de defensa anticoheteril en Europa y la consiguiente reacción de Rusia, el equilibrio nuclear ruso-estadounidense, y las consecuencias de las actividades militares de la OTAN en las inmediaciones del territorio ruso, serán otros aspectos que ocuparán la agenda de seguridad nacional de Obama.

 

Según medios de prensa europeos, el presidente ruso, Dmitri Medvedev, anunció recientemente “un rearme a gran escala” en Rusia. En una reunión con los principales jefes militares, Medvedev señaló: “Un análisis en profundidad de la situación político-militar en el mundo muestra que ciertas zonas conservan un serio potencial de conflicto, alimentado por las crisis locales y los incesantes intentos de la OTAN de acercar su infraestructura militar hacia nuestras fronteras”. El mandatario afirmó que “nuestra principal tarea consiste en aumentar la capacidad de combate del ejército, especialmente las fuerzas nucleares”.

 

Las relaciones con la República Popular China, en especial en lo relacionado con el tema de Taiwán, entre otros, serán asuntos de seguridad nacional que mantendrán ocupado al inquilino de la Casa Blanca en los próximos meses, y que por su complejidad merecerían un análisis aparte.

 

Algunos de los conflictos antes mencionados se han agravado en los últimos ocho años por la torpeza de los manejos de George W. Bush, pero también son parte de los intereses hegemónicos de Estados Unidos como potencia imperial, independientemente de la administración que esté en la Casa Blanca. Por tanto, el margen de maniobra de Obama está limitado por los intereses de política interna y los compromisos internacionales de Washington, en especial su papel de gendarme internacional