LA REVOLUCIÓN ES UN DERECHO DE CUBA
Por Manuel E. Yepe
“La Administración del Presidente estadounidense Barack Obama debía
trabajar por lograr la reincorporación de Cuba a organismos
internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional”,
manifestó Paulo Nogueira Batista, un funcionario de dicho Fondo que
representa a Brasil y a un grupo de otros 8 países latinoamericanos en
el FMI, durante una conferencia sobre turismo mundial que tuvo lugar a
mediados de mayo en la ciudad brasileña de Florianópolis.
El llamado no es algo excepcional. De hecho, se incorpora a los muchos
que, tanto en Estados Unidos como en otras naciones, se formulan
constantemente contra un bloqueo económico que ha sido condenado, casi
unánimemente, por la comunidad mundial en la Asamblea General de las
Naciones Unidas, año tras año.
Son denuncias que forman parte de las críticas más generales a la
política de Estados Unidos contra Cuba que ahora están brotando en
muchos escenarios, como es el caso de los pronunciamientos a favor de
la restitución a Cuba sus derechos de pertenecer a la Organización
de Estados Americanos que proliferaron en ocasión de la Conferencia
Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, pese a que es sabido que
la nación caribeña rechazaría tal reinserción.
Es tangible la incongruencia que existe entre el significado de las
promesas de cambios que propiciaron al nuevo presidente de los Estados
Unidos su elección. Para las masas de votantes significan muchas
reivindicaciones sociales enajenadas no obstante la opulencia del
país, en tanto que, para las élites que detentan el poder verdadero
son las correcciones imprescindibles para evitar el derrumbe de un
orden imperial gravemente amenazado.
Pero la impunidad con que la superpotencia se ha permitido mantener
el evidente crimen de lesa humanidad del bloqueo a la pequeña isla
vecina durante medio siglo, pone de relieve lo inicuo y absurdo de ese
orden mundial a que se halla sometido el planeta y, así mismo, prueba
que éste no se limita a los factores económicos sino que ha marcado
profundamente la orientación política de mucha gente y grupos
sociales.
Es evidente que hoy, en Estados Unidos, son muchos y muy fuertes los
intereses que se movilizan contra el bloqueo económico de Cuba, la
prohibición de los viajes de estadounidenses a Cuba y la ausencia de
relaciones oficiales con la isla antillana.
Pero también es irrebatible que aún la mayoría de quienes abogan por
el retorno a la normalidad de los vínculos diplomáticos, económicos,
culturales y de todo tipo entre los dos países, se ven obligados por
las huellas de cincuenta años de malintencionadas campañas de
difamación, a acudir a la justificación de esta posición rectificadora
con el argumento de que la revolución cubana no ha podido ser
derrotada con las mañas agresivas hasta ahora utilizadas y es preciso
adoptar otras más sutiles.
Son minoría aún en Estados Unidos, a mi juicio, aquellos que –al
abogar o respaldar un cambio en la política de Estados Unidos respecto
a Cuba- parten del argumento de que la revolución es un derecho
inalienable que tienen los pueblos de todas las naciones del mundo y
que los cubanos se han visto obligados a ejercer tal facultad siempre
obstaculizados por una injustificable hostilidad de la potencia
militar y económica mayor del mundo, su vecino más próximo.
Por eso, no sorprende encontrar ahora a furibundos defensores de las
políticas más terroristas de EEUU contra Cuba abogando en contra del
bloqueo. Incluso entre cubanos residentes en los Estados Unidos que
han hecho de la agresividad contra Cuba su medio de subsistencia
aprovechando los abundantes recursos financieros que Washington ha
destinado al propósito de derrotar a la revolución cubana, se
encuentran hoy nuevos propagadores de la idea del cambio de los
métodos agresivos por los de la penetración, sin variar los
objetivos.
Es obvio que esta idea de intentar la derrota de la revolución cubana
desde adentro no es privativa de la nueva corriente política
estadounidense y de los contrarrevolucionarios cubanos que sirven a
Washington. Nadie ignora que los gobiernos de casi todas las naciones
del Norte, que durante muchos años han aconsejado a los de la
superpotencia líder del capitalismo mundial que levante el bloqueo a
Cuba, temen tanto el ejemplo de Cuba como el de EEUU.
Pero la revolución cubana, cuyo pueblo y sus líderes han dado muestras
de decisión y capacidad para librar las batallas más complejas por
afirmar su identidad y los derechos populares, no sería verdadera si
rehuyera el enfrentamiento ideológico como terreno de lucha para su
reafirmación.
La propaganda contra la revolución pagada por Estados Unidos acuñó
como consigna la de que Cuba se aprovechaba del bloqueo para
justificar sus errores o deficiencias, mientras impúdicamente se
trataba de aislar, hambrear y desalentar los bríos de los cubanos por
llevar adelante un hermoso proyecto revolucionario al que el pueblo no
ha renunciado ni renunciará jamás hasta verlo convertido en realidad.
Mayo de 2009










